Por Marcela Fugardo
* El contenido de este trabajo lo expuse públicamente en las 12.º Jornadas de la Asociación del Recuerdo, el día 22 de noviembre de 2025, en la sede de San Isidro Automóvil Club, en Martínez.
Cuando
hablamos del alumbrado eléctrico de las calles y de la electricidad
domiciliaria, pareciera que nos referimos a dispositivos tecnológicos que
siempre existieron, que siempre estuvieron allí disponibles para facilitarnos
la vida diaria. Nos cuesta imaginar un tiempo en que no existían los enchufes
eléctricos en las casas o el alumbrado público no era eléctrico…
Hoy vamos a imaginarlo.
El servicio
de electricidad (ya sea domiciliaria o de la vía pública) es, como otros
avances tecnológicos, una “construcción social”. Porque con la electricidad y
el alumbrado eléctrico cambian muchas costumbres, se agrega un factor inédito
de fuerza motriz a las tareas cotidianas y se modifica la percepción del
paisaje urbano nocturno. Ya no será el resplandor de la luna o el fulgor de los
candiles lo que dibuje las figuras de la ciudad nocturna…
Pero comencemos por lo evocativo, leyendo un párrafo que describe los “apacibles veranos” de una “infancia feliz”, en 1914, en Martínez, que evocaba la escritora María Cristina Correa Viale, transcurridos en la quinta “La Josefina” (ubicada en la calle Pacheco esquina Tres Sargentos, predio que ocupa actualmente el Colegio Mallinkrodt):
Poco después de promulgada la Ley de Municipalidades en 1856, comenzaron a instalarse faroles a kerosene y/o velas de sebo, en el núcleo del pueblo de San Isidro, habitado por entonces por 1000 almas. Un gran impulso de progreso se verificó hacia 1863, con la llegada del ferrocarril, y al año siguiente, el telégrafo.
Pero fue recién a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando los progresos en materia de electricidad y la aplicación progresiva de la entonces estimada como “nueva maravilla”, se evidenciaron en una creciente difusión de su uso para el alumbrado eléctrico de las calles y plazas, para el transporte (los tranvías y el ferrocarril), la industria, y algunos establecimientos como los teatros o edificios gubernamentales y, más tarde, en diversos usos domésticos.
La Plata fue la primera ciudad en contar con alumbrado eléctrico, con el carácter de un servicio público amplio y organizado, con una concesión acordada en 1885. Su condición de ciudad nueva y modélica, le permitió optar por el medio más moderno de alumbrado, ya desde el inicio de su dinámica urbana.
Dos años
después (1887), el ingeniero Rufino
Varela (retengan este nombre) llevó a cabo el primer ensayo de alumbrado eléctrico en la ciudad de Buenos Aires,
con la instalación de una “usinita” de 12 HP, ubicada en la calle San Martín,
frente a la Catedral, que distribuía corriente a un centenar de lámparas
instaladas en comercios y casas vecinas. A este ensayo le seguirá el
establecimiento de varias usinas en distintos puntos de la ciudad, que
empezaron a competir comercialmente con la Compañía de Gas.
El “momento de los pioneros” corresponde al período de instalación de las primeras usinas en nuestro país.
¿Qué sucedió en la Provincia de
Buenos Aires?
En la provincia de Buenos Aires estos inicios de la electricidad tuvieron particularidades propias. En la inmensa mayoría de las ciudades y pueblos, la creación del servicio fue iniciativa de los propios vecinos.
¿Y aquí, en el Pago de la Costa?
También ese mismo año de 1887, en la localidad de San Fernando, los vecinos Cayetano Cúneo y sus hijos Carlos y Ángel, junto al citado Sr. Rufino Varela, instalaron una usina con una dínamo de Gramme que trajeron de Inglaterra, con la cual realizaron las primeras pruebas en el interior del almacén familiar.
La empresa “Cúneo, Varela y
Asoc.” firmó contrato con la Municipalidad de San Fernando, e inició el
suministro eléctrico en varias zonas de la localidad: al sector central, a Victoria y
a la zona portuaria. Fue tal el éxito de su iniciativa que, al poco tiempo, suministraba
corriente eléctrica a Las Conchas, San Isidro, incluso a Olivos. A estos “pioneros del progreso” se les debe
el primer servicio público de electricidad en este territorio.
En el partido de San Isidro, la Municipalidad tenía instalado faroles a querosén, que alquilaba a terceros, y que subsistieron parcialmente hasta 1923, no obstante sus riesgos, costos e incomodidades. Por ejemplo: en 1891 el vecino Juan Calocchieri, que vivía en las actuales calles Acassuso y Martín y Omar, en San Isidro, pidió a la Municipalidad que quitara el farol que le habían colocado a su pared porque “temía que prendiera fuego la casa”.
En 1896 la Municipalidad de San Isidro firmó el primer contrato con la empresa Cúneo, Varela y Asoc., para la instalación de una central eléctrica. El edificio de una Usina simbolizaba entonces un nivel de adelanto pueblerino como el edificio de un hospital o una escuela.
La red de alumbrado público fue inaugurada en 1897.
Según el convenio, la empresa se comprometía a instalar no menos de 60 focos de 16 bujías con “pantallas de fierro enlozado” en la calle 25 de Mayo entre Rio Bamba (Primera Junta) y Escalada (Alem); y en 9 de Julio, desde la plaza hasta la estación del ferrocarril, incluyendo el tramo por Belgrano.
El servicio comenzaba a prestarse en las zonas céntricas y luego iba a extender sus redes, al ritmo del progreso de la población.
En los
meses que van desde diciembre a abril, la luz debía encenderse desde “el crepúsculo de la tarde” hasta la una
de la madrugada; el resto del año hasta la medianoche, “exceptuando en ambos períodos las
noches de luna, salvo que éstas sean nubladas”. Advertía, además, que “durante el mes no habrá más de ocho días
íntegros de suspensión de alumbrado, no obstante antes y después se podrá
suspender el servicio con luna que ilumine claramente”.
La empresa Varela, Cúneo, Varela y Asoc. renovó el acuerdo en 1901 y extendió su servicio a Olivos. El lapso del servicio se extendió hasta las 2 de la madrugada.
En 1906 la empresa había extendido sus líneas desde Punta Chica “por el camino macadamizado” y, pasando por San Isidro, llegaban a Martínez por Eduardo Costa, y desde allí por la calle Rawson hasta Olivos.
En un nuevo llamado a licitación, en 1907, le fue otorgada la concesión a Cúneo, Varela y Asoc., por cuatro años más, y, novedosamente, la empresa fue autorizada, además, a extender sus líneas al servicio domiciliario.
¡La luz
llegaba finalmente al interior de las casas!
La electricidad y sus lamparillas (o bombillas) presentaban la ventaja de no viciar ni calentar el aire, de no requerir limpieza diaria ni cuidados mayores y de no ofrecer peligros de incendio.
Aquí
observamos las lamparillas incandescentes (de filamento), de luz fija, intensa,
más suave que las anteriores, que se utilizaban por lo general para el
alumbrado doméstico.
Recordemos que todavía el alumbrado doméstico más extendido entre la población, era la lámpara de kerosene, que resultaba relativamente barato, ofrecía un gran poder luminoso, y no requería instalaciones especiales, si bien todavía era corriente el uso de velas de estearina.
Las autoridades municipales (y los vecinos) valoraban y recibían con beneplácito estas iniciativas y ofrecían toda clase de facilidades a estos empresarios pioneros, quienes al instalar la usina eléctrica, llevaban al poblado un instrumento de progreso y bienestar general.
Para 1908 había en las calles de San Isidro 27 lámparas de arco voltaico y 400 lámparas de filamento de 16 bujías. Los focos, colocados originalmente sobre las aceras, fueron llevados al centro de las calles. La provisión de máquinas, materiales y repuestos se encargaba en Buenos Aires, a través de las casas del ramo, representantes de fábricas extranjeras.
Mención aparte merece la iluminación del corso de Carnaval de 1908, con lámparas de querosén.
Ese mismo año, los vecinos se quejaron ante la Municipalidad por el retiro de los faroles a querosén que estaban sobre la avenida Santa Fe, que conduce a Martínez. Allí las calles estrenaban un nuevo sistema de alumbrado a alcohol, que fue descartado unos años después.
En el mes
de julio, los vecinos de San Isidro se reunieron en la Sociedad Italiana, para
dotar al pueblo de un servicio de luz eléctrica que abarcara todas las horas de la noche. La misma
empresa Cúneo, Varela y Asoc. sería la encargada del proyecto.
En síntesis, la provisión de electricidad fue, en sus albores, una actividad privada, y correspondió a cada municipio el llamado a licitación para la contratación del suministro del servicio.
Pero, en 1909, la Compañía Argentina de Electricidad S.A. –la CADE–, adquiere la usina de los señores Varela y Cúneo Hnos. en San Fernando.
La buena
fe caracterizaba las relaciones entre la autoridad municipal que concedía el
permiso, la empresa local y los vecinos-usuarios, a quienes beneficiaba este
servicio público. Muchas veces la fiscalización de las autoridades sobre las
empresas era prácticamente inexistente, lo que devino en una provisión
deficiente por falta de mantenimiento, y hasta en la quiebra misma de la usina,
situación que advirtió con gracia el escritor Conrado Nalé Roxlo al señalar: Mi
pueblo conoció tres clases de alumbrado público y mucha oscuridad. Por orden
cronológico, los alumbrados fueron éstos: la luna, los faroles de kerosene, la
electricidad y otra vez la luna.
En 1909, la Compañía Argentina de
Electricidad S.A. –la CADE–, inició sus
operaciones adquiriendo la usina de los señores Varela y Cúneo Hnos. en San
Fernando, y se hizo cargo del servicio.
Para el Ejercicio Administrativo del año 1914, al
inicio de la activa intendencia del Dr. Adrián Beccar Varela, la Municipalidad,
a través de su órgano de comunicación, ofrecía diversos datos. En relación a
los valores impositivos establecidos para el alumbrado, consignaba dos rubros
diferenciados:
“Limpieza
y Alumbrado eléctrico”:
Casas de negocios $ 0,75, por mil mensual sobre el
valor de la propiedad.
Casas de familia: $ 0,45 m/n id.
En las calles alumbradas con lámparas de mayor
poder luminoso de 16 bujías, se pagará un adicional de 0,10 centavos por mil
mensual sobre el valor de la propiedad.
“Limpieza
y Alumbrado a kerosene”:
Casas de negocios: $ 0,60 m/n por mil mensual sobre
el valor de la propiedad.
Casas de familia: $ 0,30 m/n id.
Estamos en una etapa de transición donde coexisten el alumbrado a Kerosene y eléctrico.
También
en 1914, las lámparas de arco voltaico fueron sustituidas por las de filamento metálico. San Isidro fue el
primer municipio de la Provincia de Buenos Aires en adoptar esta medida de
progreso para el alumbrado público.
Los vecinos tenían a disposición, en la casa municipal, una oficina con todos los aparatos necesarios para controlar el buen funcionamiento de los contadores particulares de corriente eléctrica. Una vez realizada la revisión, si el contador no funcionaba regularmente, el pago de derecho de constatación lo pagaba la Compañía de Electricidad; en cambio, estando bien, lo debía abonar el particular que pide la revisión.
El Departamento Ejecutivo decidió autorizar a la Compañía de Electricidad para que procediera a iniciar juicios por defraudación, cuando se comprobara que algún propietario alterase el funcionamiento de los medidores para para abonar menos corriente de la consumida. Por otra parte, ningún propietario podría suministrar luz a su vecino, aunque se pagara el consumo. Cada casa debía tener su propio medidor.
Debido a la multiplicación de instalaciones eléctricas domiciliarias, la Municipalidad debió dictar una reglamentación, en orden de evitar los perjuicios que pudieran ocasionar las instalaciones defectuosas.
En 1917, la Municipalidad solicitó a la Compañía Argentina de Electricidad la ampliación del servicio para la zona poblada de Martínez, desde Santa Fe hacia el oeste, con el fin de suprimir el alumbrado a kerosene que, además de costoso, no estaba a la altura con los adelantos de aquel centro de población
La empresa respondió que debido a las dificultades financieras que atravesaba el país, se oponía de momento a esta expansión, sin embargo, cediendo a la solicitud de la intendencia, y en favor de la comodidad y bienestar de la población de Martínez, llevaría a cabo la sustitución de 31 faroles a kerosene por igual cantidad de lámparas de alumbrado eléctrico, comprometiéndose a completar más adelante, el reemplazo en el resto del radio iluminado a kerosene.
Hacia
1923, se propuso al Departamento Ejecutivo eliminar definitivamente el
alumbrado a kerosene; y se acordó con la Compañía Argentina de Electricidad un
nuevo contrato. Ya para entonces, el servicio de alumbrado eléctrico cubría la
noche entera.
El
acuerdo de 1923 impulsó a la CADE un plan de expansión y mejoras en la
infraestructura, lo cual quedó evidenciado con la inauguración de la Usina eléctrica de San Fernando, en diciembre
de 1925, con la presencia del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el
Dr. Cantilo y otras autoridades.
Cabría vincular el comienzo del desarrollo urbano de Martínez con la inauguración de la estación ferroviaria en 1871.
En estos coches, con los primeros calores de diciembre, venían a instalarse numerosas familias acomodadas en calidad de veraneantes a compartir aquel espacio de descanso suburbano con otras familias del segmento principal de Buenos Aires, como ya ocurría desde tiempo atrás en el pueblo cabecera de San Isidro.
Para 1924, año en que se construyó la Usina de Martínez, la localidad ya había definido los rasgos propios de una localidad diferenciada de la cabecera distrital, que era aquel San Isidro arraigado en el abolengo colonial.
Y había iniciado su ciclo de fraccionamiento mediante loteos las chacras de enorme superficie (como aquella de Ladislao Martínez que dio topónimo el lugar) y las viejas quintas de recreo sobre la cresta de la barranca, también de generosas superficies.
El lado Este de la localidad (entre las vías y la Av. Del Libertador y más aún desde aquella avenida hacia las barrancas) retenía una impronta de elegancia en su arquitectura residencial, de representación social y de postulados paisajísticos inherentes al habitar suburbano de una burguesía acomodada. Ya existía un paseo mirador desde 1907, y un monumento desde 1910.
En el lado Oeste de Martínez, ya existía una
plaza pública desde 1911 (la Plaza 9 de julio).
El edificio constituye un testimonio de la cultura industrial de los albores de la provisión de electricidad para el entonces pueblo de Martínez. Fue construido a lo largo del año 1924 por la Compañía General de Electricidad, la cual, como ya señalamos, había ganado la licitación del servicio de suministro por diez años.
En diciembre de 1923, la compañía adquirió, al Sr. Pedro A. Malleri, un terreno para la Usina de Martínez, ubicado en Vicente López y Av. Santa Fe, y en enero de 1924, sin pérdida de tiempo, la empresa inició el trámite para su construcción.
El
Expediente municipal inicia con una nota mecanografiada
dirigida al intendente municipal de San Isidro, fechada en San Fernando el 14 de
enero de 1924, donde la empresa solicita
el pronto despacho para la aprobación de los planos de construcción de un
edificio para la instalación de “una
sub-usina primaria, oficina de reclamos, casa de habitación para el encargado
del Partido, galpones de materiales y caballerizas”, en el terreno,
propiedad de la Compañía Argentina de Electricidad, de la calle Vicente López.
Acompañaba la nota este plano: N.º 2120 - “Sub-estación en Martínez”, fechado en San Fernando el 2 de enero de 1924 y firmado por… el arquitecto suizo Gaspard Bornhauser…
En la planta baja del inmueble se ubica la Oficina de reclamos con acceso directo desde la calle; en la parte posterior, un gran sector subdividido para alojar los transformadores, que viene a ser el meollo tecnológico del lugar.
Una escalera conduce a la casa del encargado, en el primer piso. Allí, desde el vestíbulo se accede a la cocina, al baño y al comedor, y desde este último al dormitorio.
Hacia el
fondo del terreno, con acceso franco desde un portón en la línea municipal, se
ubicaban la cochera y el pesebre para
los caballos.
Y el plano N.º 2121 - “Caballeriza y cochera (Anexas a la subestación Martínez)”; fechado en San Fernando el 2 de enero de 1924 y firmado por… el arquitecto suizo Gaspard Bornhauser…
El plano
para “Caballeriza y cochera” da
cuenta del uso, todavía en aquel entonces, de la fuerza motriz animal para el
transporte. En el siguiente detalle del corte B-B, se observa el entrepiso,
donde se conservaba el forraje para alimentar a los caballos, y la abertura que
posibilita el derrame contra la pared del fondo para su más práctico uso (ver
círculo).
El arquitecto Gaspard Bornhauser nació el 12 de enero en Weinfelden, cantón de Turgovia. Estudió en el Technicum Winterthur de Suiza y en l'Ecole des Beaux Arts de París donde se graduó de arquitecto en 1883. Arribó a la Argentina en 1886 y comenzó a trabajar en Buenos Aires en 1888 con estudio en Cuyo (actual Sarmiento) n.º 2489.
Participó en el proyecto y la construcción de vías férreas en el sur de las provincias de Buenos Aires, Neuquén y Río Negro. Diez años después de obtener su título de competencia en arquitectura realizó las residencias del Dr. Simon en San José 1409, el edificio de Bartolomé Mitre 2800, para Gorbea el edificio de Condarco 345 y el de Christophle en Condarco 355. También tuvo a su cargo las obras de Pedro de Mendoza 2691, Montevideo 752-754, Carmen 51, Bartolomé Mitre 1699 y el hotel de Av. Caseros 677-679 (c. 1910).
Formó empresa con su hijo Gaspar H., con quien realizó los edificios de Sarmiento y Callao, Viamonte 1727 y 2085, Sarmiento 1331, Tacuarí y Belgrano 901 y Arguibel 2875. Una vez establecida como “Bornhauser Empresa Constructora”, construyó el edificio de Hidalgo 25 y 35.
Falleció
el 7 de junio de 1929 y sus restos descansan en el Cementerio Alemán de Buenos
Aires.
Volvemos
al edificio. En 1953, la CADE inició un expediente de ampliación: la nueva
superficie a construir de 32,11 m2, a continuación de las cocheras ubicadas al
fondo del terreno, destinada para servicios (duchas, W.C. y mingitorios).
La Usina de Martínez debe leerse en un marco de arquitectura sistémica.
Aquí pueden ver una fotografía del edificio sede de la Compañía Argentina de Electricidad, ubicado en el Partido de San Fernando, en la esquina de Tres de Febrero y Sarmiento, frente a la plaza principal, también obra de Gaspard Bornhauser.
El
edificio exhibe en su fachada la marca
de autoría del arquitecto y, en la actualidad, funciona allí la fiscalía local.
A media
cuadra, sobre la calle Sarmiento, se encuentra la Subusina San Fernando, de análogas características arquitectónicas
que la de Martínez. Su frente exhibe un gran farol de época adosado al muro, y
las letras caladas “SUB USINA SAN FERNANDO”.
La Usina de Martínez mantiene su protagonismo volumétrico y expresivo-formal en la cuadra, tratándose del edificio más antiguo en ella.
Las letras, caladas por debajo de
la cornisa, enuncian la identidad del lugar y pronuncian un discurso de memoria
asociada al suministro eléctrico. Los números romanos sobre el parapeto superior
registran la fecha de su construcción: MCMXXIV.
La
fachada acusa (aunque interferida por acotados elementos decorativos, como por
ejemplo los dentículos por debajo de la cornisa, entre otros) algunas notas
propias de los edificios industriales y ferroviarios de la época, tales como el
despojamiento general de recursos
ornamentales en relieve, los arcos
rebajados en las aberturas de la planta baja, los paños repartidos de tipo fabril y sin celosías (para optimizar el
ingreso de la luz diurna) en la ventana de esa misma planta, el tratamiento
plástico de los seudo sillares que,
en los ángulos de los planos salientes
a modo de pilastras, exhiben perfiles dentados, etcétera.
Tiene un diseño que responde al estilo industrial funcional de principios del siglo XX, característico de la arquitectura vinculada a la generación y provisión de energía, y cuya preservación resulta fundamental, dado que este tipo de construcciones establece una conexión visible con la historia, la tecnología, la cultura y la memoria de nuestra comunidad.
Este inmueble configura, además, un registro material de las transformaciones tecnológicas en el ramo de los servicios públicos para la comunidad local.
En suma, el edificio reúne valores de singularidad (es el único en su tipo en Martínez), de memoria industrial de época asociada al suministro eléctrico, de conexión sistémica con otros edificios de la misma compañía (he aquí un punto inherente a la actual doctrina de los bienes patrimoniales que integran sistemas de arquitectura funcional), de lenguaje estético epocal y de autoría cierta.
Por otra
parte, debe señalarse favorablemente el
estado de preservación de la autenticidad compositiva de su fachada, más
allá de detalles de incorrecta aplicación de pintura superficial.
Epílogo:
Cada vez que pasemos por delante de este edificio, pensemos en las consecuencias que trajo para la comunidad de Martínez.
No es la simple materialidad edificada lo que cuenta: cuentan además los efectos que causó la usina en la vida social.
Porque
tras su puesta en servicio, la vida de los martinenses ya no fue igual que
antes!
Bibliografía
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BASSI, Ángel: Gobierno, Administración e Higiene del Hogar. Buenos Aires, Cabaut & Cía., 1914.
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Caras y Caretas, números varios.
CORREA VIALE, María Cristina: El Martínez de mi infancia. Parte II. Prensa chica, 7 de octubre de 1981.
CHAMICO (Nalé Roxlo, Conrado). Mi pueblo, Buenos Aires: Emecé, 1953.
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KROPFL, Pedro: La metamorfosis de San Isidro 2, Municipalidad de San Isidro, 2004.
MANFREDI, Alberto N.: Familias tradicionales de San Fernando. Buenos Aires, Dunken, 2008.
Revista de Arquitectura N.º 103. Julio 1929.
VERGARA,
Raúl: Historia del alumbrado de la Ciudad
de Buenos Aires. Conferencia pronunciada por el autor el jueves 2 de mayo
de 1946 en el Salón de Actos del Edificio Voltas, bajo los auspicios de la Comisión
de Estímulo Cultural y Artístico de la Unión Personal Cade.
Archivos
- Archivo
General de la Nación.
- Archivo Técnico.
Municipalidad de San Isidro.
- Asociación del Recuerdo.
- Centro de Documentación e Investigación de la Arquitectura Pública (CeDIAP).
- Colección de Grabados y Viñetas de Dr. Oscar Andrés De Masi.
- Museo, Biblioteca y Archivo Histórico
Municipal de San Isidro “Dr. Horacio Beccar Varela” (MBAHMSI).