jueves, 24 de octubre de 2024

LAS REJAS DE LA PLAZA OLAZÁBAL: SU ORIGEN Y SU ITINERARIO

Por Marcela Fugardo

Octubre 2024


Proveniencia de los paños de verja

 

Es tradición documentada en la historiografía local que esas rejas provienen de la Estación del Parque del Ferrocarril Oeste, el primero de la República Argentina inaugurado el 30 de agosto de 1857. 


Plano del Paseo del Parque.

Publicado en la Memoria de la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires de 1860.



Estación del Parque c1880. Foto AGN.



Estación del Parque c1880. Foto AGN.
Izquierda, detalle imagen anterior; derecha, ubicación actual en el acceso al Colegio Santa María y su Capilla anexa. Foto MF, 2016.



La Plaza del Parque con el Palacio Miró al fondo y la Estación a la derecha, c 1870.


 

La Estación del Parque, desafectada el 1.° de enero de1883, estaba situada en uno de los laterales de la actual Plaza Lavalle, entre las calles Del Cerrito (hoy Cerrito), Tucumán, Libertad y Temple (hoy Viamonte).


¿Cómo llegaron estas rejas al Partido de San Isidro?

Luego del cierre de la Estación del Parque, aquellas piezas de herrería fueron solicitadas al gobierno por la Sociedad Socorros de San Isidro (fundada en 1872), para las obras de un gran complejo de caridad, que comprendían un Asilo y un Hospital, y cuya piedra fundamental fue colocada en 1885. 


El cronista local Adrián Beccar Varela se refiere a la iniciativa de obtener la reja, en la cual participó en forma principal y directa su propia madre, doña María Varela de Beccar, a la sazón presidenta de dicha Sociedad. Señala Adrián Beccar Varela:

La elegante y artística reja que hoy circunda el edificio es la que existía en la vieja estación del Parque, que estaba abandonada, siendo sacada de un sitio, donde totalmente debía perderse, por la insistencia de las damas que la requerían para su Asilo. (San Isidro. Reseña histórica, 1906, p. 345).

 

Por su parte, señala implícitamente Alberto Meyer Arana:

Obsesionada [María Varela de Beccar] en su sueño de realizar el Asilo y establecer el hospital, el pueblo de San Isidro la vió postular ante los poderes públicos y acechar el momento de sorprender á los funcionarios y obligarlos á dar recursos, si no siempre en dinero, en efectos utilizables –sobra de ladrillos, rejas usadas, hierros viejos. Su ojo alerta descubría los más insignificantes desperdicios de las obras públicas, y los gestionaba con empeño para utilizarlos con gratitud. (La caridad en Buenos Aires, 1911, p. 13).


Antiguo Hospital de San Isidro c 1920. Foto AGN.




Rotograbado La Prensa, 25-III-1928.


Las piezas depositadas actualmente en la Plaza Olazábal provienen, pues, del viejo Hospital de San Isidro, ubicado en la calle Juan José Díaz, y fueron retiradas por la Municipalidad, para su preservación, en 2004, antes de la venta de aquella propiedad.

La extracción comprendió: 

- 6 (seis) paños regulares de aprox. 2 m de ancho x 1,47 de alto; 

- 2 (dos) paños de aprox. 2,75 de ancho x 1,49 de alto; 

- 2 (dos) hojas del monumental portón central de acceso al viejo hospital de aprox.1,84 de ancho x 2,57 en su parte más alta; 

- 2 (dos) portezuelas laterales del tipo morfológico “colgante” de aprox.1,39 de ancho x 1,86 de alto.


Todavía puede observarse in situ una parte remanente de aquellas piezas de herrería en el acceso a la Capilla y Colegio Santa María (cuyos edificios formaron parte de las obras impulsadas por la sociedad benéfica sanisidrense), en la avenida Del Libertador y la calle Primera Junta.


Edificio del Asilo y la Capilla Santa María en construcción, con la verja ya instalada. 

Foto MBAHMSI.


Edificio del ex Asilo y la Capilla Santa María en la actualidad, con la verja ya instalada. Obsérvese la permanencia de un sector de la verja. Fotos MF, 2016.



Edificio de la Capilla y ex Asilo (hoy Colegio Santa María) en la actualidad. 
Tramos remanentes de la verja. Foto MF, 2016.


Valoración histórica, artística y patrimonial

 

Se trata, sin duda, de un bien histórico que, aún desmembrado de sus emplazamientos anteriores (la Estación del Parque y el viejo Hospital de San Isidro), pertenece al patrimonio artístico-industrial local, en tanto fue, no sólo integrada a un edificio de sanidad pública, sino, además, preservada por la Municipalidad.

 

Su carácter histórico deviene doblemente, tanto de su anterior función al servicio de la primera arquitectura ferroviaria de Buenos Aires, como, luego, de su reutilización en el antiguo Hospital.


Las rejas en los jardines de la Casa Alfaro.
Fotos MF, 2022.

No existen indicios visibles del lugar de fabricación. Su hechura es de excelente calidad y ofrece un testimonio de este tipo de productos industriales de alta sensibilidad artística, asociados al sistema ferroviario.

 

Su lenguaje general es pintoresquista y medievalista. El diseño se resuelve en barrotes verticales de sección cilíndrica que, en el caso de los paños menores, concluyen en un friso decorado con cuatrifolios estilizados y rematan en crestas floreales. Junto a estos existe el antiguo portón del hospital (de dos hojas) y sus dos portezuelas laterales que difieren morfológicamente y en cuanto a su diseño formal, de los paños antes mencionados, por cuanto adoptan una silueta curva del tipo llamado “colgante” y exhiben otras diferencias ornamentales y de tamaño. En todos los casos, e invariablemente, los barrotes son de sección cilíndrica.


Los pilares de fundición de hierro que completaban el diseño de la verja, adoptaban la forma de una columna estriada con su capitel del orden compuesto, aunque muy reelaborado, y un elemento decorativo de coronamiento del tipo “cassolette”; pero, lamentablemente, no integran el conjunto rescatado y únicamente han sobrevivido en el acceso al Colegio Santa María y su Capilla anexa.

 

Cabe señalar que existen otros paños de ella en una propiedad particular en la calle Repetto al 100, de la ciudad de Martínez.


 

Ponderación de su reutilización

 

La razón virtuosa que implica toda reutilización de bienes patrimoniales muebles (en este caso, manteniendo su función de origen como elemento de cierre de un predio) sin alterar su materialidad, puede ponderarse en la presente propuesta.

 

 

Interpretación y señalamiento

 

Tratándose de un bien patrimonial que pronuncia un discurso histórico doble (su origen industrial ferroviario y su uso siguiente en un edificio local) corresponde poner a disposición de los transeúntes y visitantes recursos de interpretación que permitan una apreciación en clave de memoria identitaria.

 

Para ello, y según las buenas prácticas en la materia, sería conveniente la colocación de un letrero o cartel o panel que ofrezca los datos inherentes a la proveniencia del bien, las circunstancias de su arribo a nuestra comunidad y otros aspectos descriptivos relativos a su estética y a su modo de fabricación como testimonio de una etapa de la llamada Revolución Industrial.

 

Asimismo, estos carteles suelen complementarse con un código QR en el cual se reproduce el mismo texto propuesto. 



Caras y Caretas, N.° 1537. Septiembre de 1901.







sábado, 5 de octubre de 2024

RECENSIÓN EN LA REVISTA TODO ES HISTORIA N.º 680 DEL LIBRO "EL ESLABÓN PERDIDO. LA CASA DE DESCANSO DEL INGENIERO SALAMONE EN MARTÍNEZ"








EL ESLABÓN PERDIDO EN LA OBRA DEL INGENIERO SALAMONE.... AHORA REENCONTRADO POR MARCELA FUGARDO Y RENÉ LONGONI : ¡ESTABA EN MARTÍNEZ!


Apareció finalmente. Esa casa propia en las barrancas de Martínez, de la que existía un evanescente recuerdo familiar y no se sabía ni dónde estaba ni cómo era. Ahora conocemos los detalles de su arquitectura, de su emplazamiento, de su singular lenguaje expresivo, de su transformación posterior y de su irreparable pérdida como patrimonio local, hace ya muchos años. 
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En este libro breve pero intenso, les contamos esa historia que atraviesa el núcleo más intimista del genial proyectista que fue Francisco Salamone y que quiso pasar sus temporadas de descanso en nuestro distrito, junto a su familia. Una investigación que nos dió enorme gusto compartir con el Arq. René Longoni, que fue provocada a la distancia por la inquietud de Daniela Redi Pessin, nieta de Salamone y que contó con la colaboración del Dr. Oscar De Masi. Y una vez más, con la prolija tarea editorial de @maizalediciones y su genial diseñadora Sophie le Comte.







 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

LA PRUEBA GRÁFICA DE LA HUELLA INCONCLUSA DE PALANTI EN MARTÍNEZ

 


Colección Hume. Colecciones Especiales y Archivos. UDESA.

Hace ya varios años, el profesor Oscar Andrés De Masi se abocó a la tarea de investigar aquella misteriosa "Villa Vasena" que el arquitecto Mario Palanti proyectó en Martínez. Yo era, entonces, directora del Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro "Dr. Horacio Beccar Varela" y pude colaborar en su indagación con alguna pista en los archivos municipales, aunque no se hallaron fotografías. Solamente el expediente de la obra, que no llegó a ejecutarse.

El resultado de aquella búsqueda es el magnífico artículo titulado "La frustrada Villa Vasena en San Isidro y el germen del exceso expresivo de Mario Palanti", que el Prof. De Masi publicó en el libro Los Palanti. Su trayectoria en Italia, Argentina, Uruguay y Brasil editado por el CEDODAL en el año 2015. Quedaban aclarados algunos errores respecto de ese proyecto, su comitente y la razón casi prosaica de su no realización. Quienes deseen enterarse, pueden leerlo al final de este post.

Pero he aquí que, hace pocos días, una consulta de la archivista Amanda Padín Amato del Área Colecciones Especiales y Archivos de la UDESA, me puso en contacto con esta fotografía de la Colección Hume. Claramente, la casa que se observa a la izquierda, sobre la cresta de la barranca, es el casco de la antigua quinta de Eduardo Costa ("El Cortijo") en la versión original de su galería con columnas, rodeada de los árboles viejos. Lo curioso y revelador ocurre a la derecha, donde se observa el cartel de obra de Mario Palanti! Miren, incluso, las carretillas y los postes de madera que indican el movimiento de tierra para dar bases al edificio que no se concretó. Pero lo que llegó a concretarse (y esto no lo dijo De Masi, porque no vio esta foto) es el muro divisorio, construido en lenguaje medievalista, en consistencia con los rasgos que iba a tener la "Villa Vasena". 

Me indica De Masi que prestemos atención a esas especies de matacanes o "machicoulís" castillescos que se insinúan en el remate de las paredes.




























viernes, 19 de julio de 2024

MARCAS DE MUJERES EN EL PATRIMONIO RESIDENCIAL DE SAN ISIDRO

Por Marcela Fugardo


Puede ser un monograma con las iniciales de la dueña de la casa, en las residencias señoriales/matronales que expresan el habitar más antiguo de San Isidro, como la Casa de Alfaro, la Quinta Marín-Ibañez o la Quinta Elortondo-Armstrong. Allí están, tras el casi enigma de las letras entrelazadas, los nombres de Cecilia Muñoz de Alfaro, Andrea Ibáñez de Marín, o Isabel Armstrong de Elortondo.


Cecilia Muñoz de Alfaro



Andrea Ibáñez de Marín



Isabel Armstrong de Elortondo


Y también pueden verse, rubricando las fachadas, en la cartografía barrial de las viviendas levantadas al ritmo de la modernidad popular. En estos casos, son nombres de señoras que prescinden de cualquier otra señal de identidad.




En ambos universos, el de la arquitectura erudita y el de la arquitectura popular, las mujeres han dejado su marca visible.






jueves, 27 de junio de 2024

ACERCA DEL ORIGEN DEL ESCUDO MUNICIPAL DE SAN ISIDRO

Por Marcela Fugardo


Durante la administración del Juez de Paz Luis Emilio Vernet, en 1862, la Municipalidad de San Isidro adoptó como señal de identidad visual un “sello” (ya que, por no seguir las reglas de la ciencia heráldica, no debería llamarse un escudo), de corta vigencia, que representaba su carácter de tierras de labranza, compuesto por un óvalo angulado apaisado, de contorno doble perlado, donde se dibujaron herramientas de labranza: una gavilla, un rastrillo, una guadaña y, en la parte superior, un sol radiante.



Para 1877, la Municipalidad había adoptado otro sello identitario, también oval apaisado, en cuya bordura llevaba la leyenda “Municipalidad de San Ysidro”, y en su parte central exhibía una rama de olivo.


La falta de un blasón en el sentido propiamente heráldico dio lugar a la utilización, en la papelería oficial, entre los años 1894 y 1896, de una impronta semejante al primitvo escudo nacional que también usó la Provincia de Buenos Aires (adviértase que las ramas corresponden al roble y al laurel) con la leyenda “Intendencia Municipal” en su contorno.


En 1906, al cumplirse el segundo Centenario de la fundación de la Capilla y Capellanía dedicadas a San Isidro Labrador, a pedido del cura párroco que era el P. Juan P. Viacava, el vecino Adrián Beccar Varela concretó su obra San Isidro-Reseña histórica, texto de referencia hasta hoy. El día de los festejos oficiales, Beccar Varela pronunció un discurso en homenaje al capitán Domingo de Acassuso y al pueblo de San Isidro, con fuerte énfasis en el valor de la tradición y de la historia como modelo de los pueblos. Además, para esta ocasión, Adrián Beccar Varela bosquejó una medalla alusiva, cuya iconografía recoge la leyenda fundacional (ya que, según señaló el P. Francisco Actis, no puede tenerse por “tradición” sino por relato legendario compuesto por Mariano Pelliza) que retrata un árbol (el célebre espinillo), un sol naciente a lo lejos, una capilla y un caserío como germen del pueblo capellánico.



Escudo y sello oficiales

Durante la intendencia del vecino Andrés Rolón, el Honorable Concejo Deliberante en la sesión del 29 de diciembre de 1915 (folios 79 y 80), a través de su presidente Jorge Gowland, y ante los concejales Carlos Hoevel, Horacio Montes de Oca, Fermín Ataún y Perfecto Iglesias manifestó que:

 

Acto continuo el señor Presidente presentó á la consideración del H. Concejo el siguiente proyecto: H. Concejo: Siendo necesario establecer definitivamente el sello ó escudo municipal de San Isidro, á fin de que tenga un carácter propio, que represente la tradición que sirve de base á la  historia de su fundación, no solo para que él sea usado en los actos oficiales de la Municipalidad, sinó también para distribuir entre las autoridades superiores la medalla que debe servirles de distintivo, he creido conveniente presentar á vuestra consideración los siguientes proyectos, últimos de mi actuación municipal:

 

Ordenanza

Artículo 1.º: Declárase escudo oficial de la Municipalidad de San Isidro, el que será formado por un dibujo igual al que se estampó en la medalla que se distribuyó para el segundo centenario de la fundación de San Isidro, representando la tradición del capitán Domingo de Acassuso, que representa un árbol, un sol naciente, a lo lejos una capilla y un pueblo.

Artículo 2.º El sello oficial de la municipalidad estará formado por su escudo, contorneado por una inscripción que diga: “MUNICIPALIDAD DE SAN ISIDRO, DEPARTAMENTO DELIBERATIVO O DEPARTAMENTO EJECUTIVO en cada caso.

Artículo 3.º Comuníquese, etc.

 

Adviértase que, por primera vez, la Municipalidad distingue entre su “escudo” y su “sello” (éste último incluía el blasón).

 

Al día siguiente, 30 de diciembre de 1915, la Ordenanza quedó sancionada y, el 6 de enero de 1916, Avelino Rolón emitió un Decreto encomendando al Dr. Adrián Beccar Varela “la composición de dicho escudo conforme con la Ordenanza de referencia.

 

En una nota publicada el 13 de mayo de 1916 en La Razón, el propio Adrián Beccar Varela decía: “Fuimos encargados, por decreto de la Intendencia, para reunir los antecedente históricos para el escudo, y proyectarlo. Encomendamos a nuestra vez la tarea de la preparación heráldica del escudo al inteligente y patriota presbítero Carlos Ruiz Santana”.

 

Vale decir que participaron dos ingenios en esta empresa visual: un historiador para reunir los antecedentes y un heraldista para diseñar el blasón. Debe anotarse que el P. Ruiz Santana, aunque no se ciñiera de modo ortodxo a las reglas de la heráldica, se dedicó a diseñar numerosos escudos eclesiásticos para obispos argentinos y otros blasones.

 

En otra nota publicada en el mismo medio, pero más tarde, el 14 de mayo de 1923, Beccar Varela señalaba que aquella Ordenanza “no se cumplió porque el Intendente Rolón terminó su período y los que los sucedieron no se interesaron por ella”.

 

La labor de Ruiz Santana y variantes posteriores


Sin embargo, el presbítero Carlos Ruiz Santana (1878 – 1956) como dijimos antes, heraldista eclesiástico casi oficial cumplió con la realización del blasón sanisidrense, basado en aquella iconografía de referencias fundacionales legendarias pero muy arraigadas en el afecto vecinal. Cabe mencionar que el P. Ruiz Santana había transcurrido el año 1906 como teniente cura de la parroquia de San Isidro, participando en los festejos del segundo Centenario.


Debe anotarse, además, que existe una versión policromada del escudo, cuya lámina original se conserva en el Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro y que ofrece algunas variantes respecto del dibujo de Ruiz Santana. Se trata del escudo pintado por un denominado “Hermano Julián” (según la rúbrica al pie), que concede especial protagonismo al espinillo de Acassuso y enmarca la escena en la forma de una aureola del tipo mandorla (en lugar del ovoide); y que en lo demás se atiene a la iconografía ruizsantanesca (aunque el sol naciente sobre el río aparece aquí antropomorfizado).

  
Escudo del P. Ruiz Santana.


Escudo del Hno. Julián.

Como puede observarse, las versiones posteriores empleadas por la Municipalidad mezclaron elementos iconográficos de ambos diseños, manteniendo el pergamino alrededor de la elipsis (aunque, en algún momento, añadiendo una cresta trebolada), y privilegiando con mayor escala el espinillo.



Dejando a un lado la descripción estrictamente heráldica, y en el plano iconológico, en todos los casos vemos los elementos de la leyenda (el espinillo del sueño de Acassuso) sumados a las notas de origen y topografía del poblado (barranca, río, iglesia, rancho), plasmados gráficamente en la heráldica.

 

Volviendo a Ruiz Santana, puede notarse que la elipsis u ovoide (rodeada por un pergamino o cuero a modo de cartuccio o cartela decorativa) contiene la figura principal del espinillo donde, según la leyenda, don Domingo de Acassuso tuvo el sueño místico que lo impulsó a fundar la capellanía. Acompañan al arbolillo, una barranca, la primitiva capilla, un sol naciente sobre el río y una modesta construcción, de tipo rancho, que simboliza al incipiente poblado.

 

Así lo describe Santana:

Lleva en el campo del escudo Municipal, un espinillo, las barrancas de San Isidro (los Montes Grandes) y el sol naciente dorando las aguas del Paraná porque bajo un espinillo corpulento, contemplando desde las altas barrancas, el río, los campos cubiertos de verde, el cielo purísimo y el sol esplendoroso, don Domingo de Acassuso, soñó con que, si llegara a ser rico, fundaría una capilla y edificaría un templo en honor de San Isidro Labrador. Acassuso fue con el andar del tiempo, de una manera providencial, hombre de gran fortuna. Fundó la capellanía, edificó la iglesia y fue fundador de San Isidro. De ahí los emblemas adoptados en el Escudo Municipal.

 

Su iconografía, que remite a versión legendaria del origen de San Isidro y a sus improntas geográficas, es un apelativo, a ese imaginario colectivo de los sanisidrenses y una expresión de notas y valores que conservan su vigencia en nuestra comunidad: el paisaje de la barranca y el río, los árboles, la fe y el trabajo.


Valoración patrimonial

El escudo de San Isidro, más allá de su valor como emblema oficial, es para los sanisidrenses un verdadero “semióforo”, una señal de identidad que, a través de sus elementos iconográficos nos interpela en cuanto al vínculo que esta comunidad viene estableciendo desde hace varias generaciones con su pasado más remoto. Es, por ende, una parte de nuestro patrimonio identitario, en la vertiente de la heráldica.

 

Bibliografía y Archivos consultados

De Masi, Oscar Andrés: Adrián Beccar Varela. La tradición como identidad. El progreso como mandato. Maizal ediciones, 2017.

Lozier Almazán, Bernardo: “Reseña heráldica sanisidrense” en El Arcón de los Recuerdos. Crónicas sanisidrenses. Carta Abierta, 1995, p. 93.

Rousset, Ivonne: “Vocación – Patria – Estudio. Reseña de la vida y obra del Presbítero Carlos Ruiz Santana (1878 – 1956), en Revista del Instituto Histórico Municipal de San Isidro N.º XX. Municipalidad de San Isidro, 2006, p. 165.

Libro de Actas 1915. Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de S.I. “Dr. Horacio Beccar Varela”.






PERFILES HISTÓRICOS DEL BARRIO LA CALABRIA*

Por Marcela Fugardo



En algún momento de la segunda mitad del siglo XIX, comienzan a llegar migrantes extranjeros a San Isidro y se van instalando en los alrededores del pueblo hacia el Sud Oeste, cruzando las vias del FCCA. Esta parte del pueblo, durante muchos años, se la denominó oficialmente “Villa Acassuso” y era una barriada popular, fuera del Casco histórico aunque en algún punto comprendida dentro de las llamadas “tierras del Santo”. Sin embargo la presencia de tantos italianos especialmente calabreses, sumado al hecho de haberse bautizado con el nombre de Acassuso a la estación del ferrocarril ubicada entre San Isidro y Martínez, en el año 1935, hizo que con el tiempo todo el sector ubicado entre Alsina, Rolón, Tomkinson y Centenario comenzara a conocerse popularmente como “La Calabria”.

La denominación oficial se formalizó recién el 31 de julio de 1972 (al final del documento incluyo la Ordenanza municipal), que fijó los límites desde Av. Centenario hasta la antigua Avenida la Tahona –hoy Andrés Rolón–  y desde la calle Intendente Tomkinson hasta la Avenida Bernabé Márquez.

 

Sus vecinos eran mayormente inmigrantes italianos (aunque no exclusivamente) dedicados a diversas tareas como quinteros o albañiles o empedradores u horneros de ladrillos, etc. La proveniencia italiana y en gran medida calabresa determinó el nombre popular. La construcción de la nueva parroquia en 1895 demandó mucha mano de obra de operarios especializados como eran estos italianos.

El nombre es portador de una nota de etnicidad, lo cual lo distigue sobre otros barrios del partido de San Isidro.


En marzo de 1909, se loteó toda la franja de tierra que va desde la calle Estanislao Díaz (hoy Avellaneda) hasta Jacinto Díaz, desde Santa Fe, pasando la calle Alberti. Los apellidos que figuran como los primeros compradores son: Masari, Benegas, Di Carlo, Delfino, Cogorno, del Raz, Guglielmo, Flori, Marra, Bertone, Tiscornia, Di Serio, Hormelo, Paleta, Scarchella, Zipoli, Pelliosi, Tripoli, Mariani, Batestrini, Morganti, Costa, Canton, Berri, Sciatigo, Guglianoni, Nocito, Parda, Gonzon, Balignari, Obarrio, Cercoli, Balastrini, Cajarino, Campos Conco, Paladino, Jacue, Villar, Benmenudo, Aragone, Onorato, Raimundo, Guido, Greco, Ferrari, Meneo, Palermo, Banegas, Ramullo, Franchi, Márquez y otros. Como se puede ver, la mayoría son italianos pero hay españoles y hasta algún francés.

Sus vecinos son en general familias que han vivido allí por generaciones y están muy arraigados al barrio.

Su carácter popular es una nota que lo conecta con su propia historia.

 

Otra nota identitaria es la presencia de los padres salesianos, con el Colegio Santa Isabel y la parroquia San José. Todo ello se debe a la iniciativa de un sacerdote de origen italiano, a principios del siglo XX: el Padre Castiglia que era salesiano. 



Pero al comienzo no fue tan bien recibido, porque muchos de los pobladores eran anticlericales.


La primera capilla sería luego reemplazada por el actual templo, cuya construcción comenzó en 1925, siendo sus constructores Victorino Rosello y Valentín Boris, ambos vecinos del barrio. Fue proyectada por el arquitecto y sacerdote salesiano Ernesto Vespignani.



Con el apoyo y asesoramiento de una Comisión Fundadora, el Obispo de San Isidro, Monseñor Antonio M. Aguirre, decidió elevar a San José a la dignidad de Templo Parroquial, lo que se concretó el 10 de noviembre de 1966.

En el interior del templo descansan, desde 1936, los restos del Padre Castiglia.

 

También una plaza lleva el nombre del P. Castiglia y allí existen dos monumentos muy identitarios: el monumento al sacerdote mencionado y el monumento al Inmigrante calabrés.



Otra plaza de "La Calabria" llamada Plaza Alsina tiene la particularidad de que no posee un monumento a Alsina… ¡sino a San Martín!!


Y otro sitio que se relaciona con "La Calabria" es el Cementerio Central, creado en 1854, ubicado en la manzana delimitada por las calles Diego Palma, Int. Becco, 3 de Febrero y Haedo.

 

"La Calabria" se fue poblando aceleradamente y a finales de los años 30, los salesianos deciden la construcción de un cine teatro para el entretenimiento no solo de los alumnos del colegio y sus familias sino para toda la comunidad. Así nace el cine teatro Don Bosco. Fue emplazado en la esquina de Diego Palma y Alberti con una capacidad de 1500 butacas, plateas y dos niveles de pulman y superpulman, con dos proyectores de cine para poder hacer las funciones en continuado. Un escenario adaptado para teatro con vestuarios en el subsuelo y telones para las diferentes escenografías. En los años 70 fue sede del famoso festival Buenos Aires Rock. (B. A. Rock) desfilando por sus tablas las más famosas bandas de música pop y rock.

 

Cabe mencionar, también, como marca urbana, la Escuela Secundaria N.º 3 “Libertador Gral. José de San Martín”, frente a la Plaza Castiglia, inaugurada en 1940.


Otro hito importante en la evolución urbana de "La Calabria" fue la inauguración, en 1945, del barrio para los trabajadores de Obras Sanitarias de la Nación (Barrio San Isidro, conocido popularmente como el Barrio de “Las casitas”), que marca una política pública de vivienda social que se atribuye el Estado, quien provee iglesia, escuela y plaza de recreo con uso ceremonial.


En cuanto a la arquitectura en general de “La Calabria”, al comienzo era marcadamente italianizante (casas sobre la línea municipal que reproducían en sus fachadas la preceptiva de los Tratados italianos) y aún pueden verse algunas de ellas. Luego vino la etapa del Art Déco y los chalets.

 

Hoy mucha de esa arquitectura del pasado se ha cambiado por edifcios más modernos, pero la impronta aún queda reconocible en los testimonios que permanecen en pie, sumado al arbolado y el empedrado de sus calles.


Como dato curioso: en los primeros dos minutos de la película “Canuto Cañete, conscripto del siete” (1963) puede verse una toma de la calle Garibaldi con el punto focal de la iglesia de San José.


El 29 de abril de 1922 nació en "La Calabria" Fidel de Luca, cinco veces campeón de profesionales del golf.


 

Declaración Municipal de “La Calabria”

Ref.: Expte. N.º 11644-G-1972

SAN ISIDRO – JULIO 31 DE 1972

DECRETO NUMERO OCHOCIENTOS DIECISEIS

 

VISTO Y CONSIDERANDO.

QUE en San Isidro uno de los cofres donde la historia argentina guarda los más ingentes tesoros de su tradición;

QUE como tal, es muestra clara de los distintos factores que configuran ese quehacer tan caro a los acendrados sentimientos localistas;

QUE dentro de la heterogeneidad de razas que es signo descollante de la formación de su idiosincrasia, la comunidad argentina en general y la sanisidrense en particular, guarda significativo respeto por aquellas que se integraron a la autóctona de tal manera que fueron virtualmente factores formativos de insoslayable importancia;

QUE en este orden de ideas el pueblo italiano contribuyó con evidente fuerza a esa formación y es así que San Isidro contempló el ingreso a su comunidad de un núcleo calabrés que actuó en beneficio de la prosperidad de una zona que, hasta el momento, no había recibido aportes humanos de importancia;

QUE fue, además, el primer núcleo poblacional que decidió su instalación al otro lado del Camino de Santa Fe” (hoy Avenida Centenario), hacia el Oeste; tierra entonces exclusiva de chacras y quintas hasta los límites del Partido (calle Sarratea), puesto que la explosión demográfica y edilicia de Boulogne y Villa Adelina en di5rección inversa, estaba lejos de producirse;

QUE la designación popular de “Calabria” al barrio en crecimiento era grata y proclamada orgullosamente por sus juveniles habitantes, contra la opción de “Villa Acassuso” que respondía a una coquetería sofisticada de lógico origen femenino;

QUE es de recordar el rechazo o aversión de las jóvenes de esa época a la designación costumbrista propiciada por el presente, mientras que, por el contrario, los jóvenes la defendían con ahínco y arrogancia varonil, originando tal contraposición situaciones no exentas de matices risueños campo sin duda propicio para la anécdota pueblerina;

QUE tanto es así que cuando ese Padre Castiglia solicitó permiso en el año 1903 para la instalación de aquel oratorio ya la zona contaba con un conjunto de vecinos oriundos de aquella localidad italiana, a los que en realidad dedica ese lugar de recogimiento tan grato a su modalidad;

QUE San Isidro recibió un aporte espiritual de aquella zona, en tanto sus vecinos no solo se dedicaban a las tareas de quinteros, artesanos u obreros según la vida les iba señalando ..... que a la par criaba a sus familias muchas veces merced a la ayuda del Colegio Santa Isabel y prueba evidente es el hecho de que ese grupo brinda a San Isidro la figura de un hombre que llega a regir sus destinos locales como el Intendente Pedro Becco;

QUE fueron también atraídos por la mano de obra especializada exigida por la monumental construcción de nuestra actual Catedral, comenzada a ser construida a fines de 1895; y por otras residencias veraniegas de ambiciosa arquitectura;

QUE esos primeros pobladores, desarraigados de su lugar natal por las lógicas circunstancias sociales de un país en permanente avance demográfico que siempre como es sabido, ha excedido las posibilidades geográficas de su territorio;

QUE el entonces Cuartel 2do. Que abarcaba desde la Avenida Centenario hasta la antigua Avenida la Tahona –hoy Andrés Rolón–  y desde la calle Intendente Tomkinson hasta la Avenida Bernabé Márquez, fue sede parcial de aquellos inmigrantes que dividieron una parte de esa vieja “Villa Acassuso” para llevarlo a la antonomasia de su denominación como “Calabria”;

QUE aquellos pobladores calabreses llegan a San Isidro en el último cuarto de siglo pasado, trayendo su humilde entusiasmo. Hoy acostumbrados al trabajo y al esfuerzo puestos en beneficio de la tierra generosa que recibe un afincamiento y les ofrece en libertad la posibilidad de ejercer sus ansias de superación y progreso;

QUE todo ello se traduce en pinceladas de matices tan profundos como brillantes, emergentes de sus esperanzas y de su humildad y que imprimen la imagen pictórica del viejo y del actual San Isidro, un particular color de vidas sacrificadas por el diario trajinar en aras de una labor mancomunada por y para la sociedad que los alberga;

QUE allí fue creciendo un pedazo de San Isidro que fue recibiendo los adelantos urbanísticos en la medida de la relatividad que condice con sus carencias económicas pero que, justo es destacarlo, incidió en la configuración particular de una zona de calles de piedra y árboles ya añosos en sus anchas veredas;

QUE amén de todo ello fueron tan singulares en sus características edilicias y urbanísticas que incluso la deficiencia de sus desagües originó otra denominación “vulgo-sensus” motivada por la permanencia en sus calles de aguas pluviales que según recuerdo de sus más antiguos pobladores, determinó el acrecentamiento de batracios, risueña rememoración de hechos que dan vida y color a un lugar y afianzan la emisión del recuerdo de una época pasada pero no olvidada;

QUE, válida es la remembranza para sentar el principio de reconocimiento a la importancia del lugar y el obligado homenaje que se desea rendir a sus primitivos pobladores, denominándose “Calabria”;

QUE esta nominación enraizada en el consenso popular, afianzada por el acaecer de aquella inmigración, ratificada en el lenguaje corriente de todo sanisidrense, no es como se dice, más que la convalidación de un nombre que ya está inmerso en su habla y concatenado a la esencia misma de su sentir y la oficialización de esa nominación no es más que darle vigencia real a un hecho palpable;

QUE la medida administrativa del Municipio reconoce como espíritu dominante y prevalece brindar justo y sencillo homenaje a una muestra de trabajo fecundo personificándose en el nombre aludido a esa laboriosa colectividad calabresa;

Por ello, en ejercicio de las atribuciones conferidas por Ley 7443 del Superior Gobierno Provincial;

 

EL INTENDENTE MUNICIPAL DE SAN ISIDRO

Decreta:

Artículo 1.- Denominase “Calabria” a la zona delimitada por las calles: Avenida Centenario, Alsina, Avenida Andrés Rolón e Intendente Tomkinson, San Isidro.

Artículo 2 .- Cursase nota a las Sociedades de Fomento “Unión Vecinal Andrés Rolón” y “Unión Vecinal General Pueyrredón” y demás Entidades representativas que actúan dentro de los límites del artículo 1.

Artículo 3.- Dése al Libro de Decretos y al Boletín Municipal. Comuníquese. Publíquese. Tomen conocimiento todas las Secretarías y Representaciones Municipal.

 

Federico Alberto Cruz, Secretario de Gobierno

Cont. Pedro Llorens, Intendente Municipal.


Estos contenidos los preparé a pedido del diario La Nación para la nota aparecida el 17/6/2024.


 


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